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lunes, 11 de junio de 2012

Liga DEA a Tomás Yarrington en ejecución de Torre Cantú

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La DEA interceptó un mensaje de El Z40 y descubre ejecución de Yarrington
 
La agencia antidrogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés), tiene en su poder información que implica directamente al priista Tomás Yarrington Rubalcava, ex gobernador de Tamaulipas, en el asesinato de Rodolfo Torre Cantú, quien era el candidato del PRI a ocupar la gubernatura de esa entidad.

Ocurrido en junio de 2010, cuando faltaba sólo una semana para la elección, el asesinato de Torre Cantú causó una sorpresa generalizada. Dos años después, un mensaje del líder de Los Zetas interceptado por la DEA comienza a aclarar las dudas: acusan a Yarrington de haber matado a Torre para que no intercediera en los negocios de las constructoras que éste tiene con Osiel Cárdenas, el ex jefe del Cártel del Golfo.

Tomás Yarrington, ex gobernador de Tamaulipas, está implicado en el asesinato de Rodolfo Torre Cantú, quien era el candidato del PRI a ocupar la gubernatura de ese mismo estado, de acuerdo con información en poder de la agencia antidrogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés).

Yarrington, según los datos obtenidos por esa agencia de inteligencia, actuó de común acuerdo con el líder del Cártel del Golfo, Jorge Eduardo Costilla Sánchez, conocido como El Coss, para asesinar el 29 de junio de 2010 a Torre Cantú porque éste afectaría los negocios de las empresas constructoras que Yarrington mantenía en asociación con Osiel Cárdenas, antiguo jefe del Cártel del Golfo actualmente preso en Estados Unidos, y porque Torre Cantú “estaba patrocinado y protegido”.

La información en poder de la DEA, que es parte del proceso penal que se le sigue en una corte texana a Antonio Peña Argüelles, identificado por las autoridades de Estados Unidos como el intermediario entre el crimen organizado y Yarrington, está incluida en un mensaje de texto redactado por Miguel Treviño Morales, uno de los dos más importantes jefes del cartel de Los Zetas.

El mensaje de texto fue enviado la mañana del 29 de noviembre de 2011 al celular de Antonio Peña Argüelles –un tamaulipeco que sirvió como prestanombres de Yarrington y lavó en Estados Unidos dinero proveniente de actividades de narcotráfico– y constituye una amenaza de muerte.

Lo que Peña Argüelles leyó ese día en la pantalla de su teléfono era el reclamo de Los Zetas, quienes le atribuían haberse robado 5 millones de dólares que presuntamente iban a ser entregados a políticos tamaulipecos para garantizar la protección oficial a ese grupo del crimen organizado.

En la primera parte del mensaje, cuyo contenido completo se encuentra como parte del juicio que se sigue contra Peña Argüelles en la Corte Oeste de Texas, con sede en la ciudad de San Antonio, Treviño Morales le exige a Antonio que devuelva el dinero y le advierte que, en caso de no hacerlo, no habrá lugar donde pueda esconderse. “Quédese con el dinero, pero entonces en su próxima vida fíjese a quién le roba”.

Unas horas antes de que Antonio Peña Argüelles recibiera el mensaje, su hermano mayor, de nombre Alfonso, fue asesinado y su cuerpo encontrado en el monumento a Cristóbal Colón de la ciudad de Nuevo Laredo, Tamaulipas. Alfonso había desaparecido días antes, tiempo durante el cual fue interrogado por los Zetas, quienes lo golpearon y torturaron antes de asesinarlo.

“Además, continuaba el mensaje recibido en el celular, su hermano nos ha estado diciendo que usted, Tomás Yarrington, junto con Costilla (se refiere a Eduardo Costilla), asesinaron al candidato a gobernador Rodolfo Torre Cantú porque él les iba a afectar los negocios de las constructoras y estaba patrocinado y protegido. De cualquier manera, lo mataron sin razón porque quedó el hermano y ustedes no lograron lo que querían”.

Lo amenaza de nueva cuenta –“no habrá un lugar seguro para usted, señor Toño, así que suerte” – y le recuerda que él sabe las razones por las que se cometió el asesinato de quien todo indicaba sería el próximo gobernador de Tamaulipas:

“Y en lo que respecta al candidato, lo hicieron por los negocios que usted tiene con Costilla, Tomás y Osiel Cárdenas. Su hermano también me dio los nombres de las propiedades que usted tiene con Osiel y ahora ya sé que están en Laredo y San Antonio”.

La DEA obtuvo el contenido de este mensaje de texto de un informante confidencial, al que identifica con el código de CS-4, según la declaración jurada de Stephen A. Parkinson, el agente que lideró la investigación del caso.

Para reforzar ante la juez Nancy Stein Nowak la validez de los reportes proporcionados por CS-4, Parkinson agrega que éste es un informante pagado, con una larga colaboración con la DEA, durante la cual ha proporcionado información en numerosas ocasiones. “Además, esta información en particular ha sido corroborada por otras fuentes independientes y ha sido útil para perfeccionar otras investigaciones de la DEA”.
* * *

Siete días le faltaron al médico Rodolfo Torre Cantú para llegar al poder. Era casi un hecho. Los números de las encuestas mostraban que la elección del 4 de julio de 2010 sólo era un requisito, un trámite democrático.

Ya lo decía la encuesta del Gabinete de Comunicación Estratégica publicada en el diario Milenio: Torre Cantú, diputado federal priista y ex secretario de Salud de Tamaulipas, cruzaría caminando la meta.

Porque el potente 48.9 por ciento de las intenciones de voto en su favor garantizaban casi todo. Poco habría que esperar del 15 por ciento de su contrincante panista y menos aún de ese simbólico 3.5 por ciento del candidato del PRD.

Cierto es que en mayo de 2010 las encuestas le daban cifras casi monstruosas (más de 65 por ciento), pero no era raro en un estado en que el PRI es algo más que un partido, es la historia, el poder, la economía, todo.

Así que ese 28 de junio al médico Torre Cantú sólo le faltaba deslizarse y cerrar gustosamente su campaña con mítines a reventar.

Pasadas las 10 de la mañana, alistó todo y junto con su equipo más cercano y sus escoltas se encaminó al aeropuerto de Ciudad Victoria, de donde tomaría un avión que lo llevaría a Matamoros, plaza en la que encabezaría un mitin multitudinario.

Así que el convoy formado por varias camionetas se encaminó hacia la carretera Victoria-Soto La Marina. Circulaban ya por esa vía, frente a la Universidad Politécnica de Ciudad Victoria, a unos 15 kilómetros del aeropuerto, cuando un grupo de unos 15 hombres armados y vestidos con uniformes de la Marina los interceptaron y desde dos camionetas abrieron fuego.

Tan sorpresivo y tan intenso fue el ataque que no hubo espacio para que los escoltas de Torre Cantú pudieran hacer gran cosa. Los cazaron con rifles de asalto AK-47, pistolas 9 milímetros y escuadras SIG-Sauer.

De los nueve ocupantes de las camionetas, cinco murieron: el candidato a gobernador, su secretario particular y tres escoltas.

Rodolfo Torre Cantú murió en el asfalto, a los 46 años recién cumplidos y a menos de siete días de ser gobernador. Alguien no quiso que llegara a ocupar la oficina del tercer piso del Palacio de Gobierno.

Diez años antes de que Rodolfo Torre muriera, Tomás Yarrington Ruvalcaba, un hombre de origen humilde con múltiples carencias económicas en su infancia, ya ocupaba el cargo de gobernador.

Era 1999 y subía al primer círculo del poder en el estado gracias a su antiguo jefe Manuel Cavazos Lerma, ese menudo gobernador con creencias metafísicas que tomaba decisiones en lugares en cuyo centro colocaba pirámides de cuarzo, de quien había sido su secretario de Hacienda.

Yarrington tenía el perfil tecnocrático requerido en esa época, cuando Ernesto Zedillo acababa su mandato: licenciado en economía, egresado del Tecnológico de Monterrey, en donde cursó estudios gracias a una beca.

Tan pronto llegó a la gubernatura, Yarrington trabó relaciones con gente del lado oscuro.

“La fuente confidencial CS-4 sostiene que Antonio Peña Argüelles empezó a trabajar para Tomás Yarrington aproximadamente en el año 2000 o 2001, cuando comenzó a lavar el dinero producto del narcotráfico que Yarrington recibía del Cártel del Golfo”, se explaya el agente de la DEA encargado del caso.

Peña Argüelles jugaba un papel de relevancia para los intereses de Yarrington. Coordinaba el lavado de dinero y la adquisición de propiedades tanto en México como en Estados Unidos.

No en balde, declara el agente Stephen Parkinson, Peña Argüelles era muy cercano también a varios miembros de alto nivel del Cártel del Golfo.

Eran los tiempos de auge en que Osiel Cárdenas era el líder indiscutible de ese grupo y contaba con dos aliados de primer nivel en la estructura de la organización: Eduardo Costilla y Miguel Treviño.

Algunos testimonios adicionales corroboran que Osiel Cárdenas y Yarrington eran mucho más que paisanos. Habían forjado un pacto. Y al menos Osiel Cárdenas estaba dispuesto a cumplirlo.

Yarrington gobernó Tamaulipas en el periodo 1999-2005, justo el periodo en que el tráfico de drogas alcanzó un ritmo frenético y Osiel se convirtió en la figura indiscutible.

La alianza no se desdibujó ni siquiera cuando Osiel Cárdenas fue detenido en de marzo de 2003.

“De acuerdo con un testigo protegido de los estadunidenses, Osiel ordenó desde el penal de máxima seguridad de El Altiplano financiar las aspiraciones presidenciales de Yarrington en el 2005”, según publicó el diario Reforma el 25 de mayo pasado citando a un testigo colaborador de la DEA.

Según él, Osiel giró la instrucción a sus entonces principales operadores (Eduardo Costilla Sánchez, El Coss, y Heriberto Lazcano Lazcano, El Lazca), para financiar el intento de Yarrington de conseguir la candidatura presidencial del PRI.

“Narró que el cálculo del capo era que si Yarrington llegaba a la Presidencia de la República, sería auxiliado para escapar de prisión ‘como ocurrió en 2001 con Joaquín El Chapo Guzmán’”, detalla la nota del diario.

Con la extradición de Osiel Cárdenas a una prisión en Texas los días maravillosos llegaron a su fin. Los Zetas, el brazo más violento del Cártel del Golfo, se independizarían más temprano que tarde y se convertirían en una máquina cruel e implacable de ataque contra sus antiguos compañeros. 

Los Zetas ya no serían amigos de Yarrington
Abogado de profesión y egresado de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, primo de Marcia Cano, esposa del desaparecido Manuel Muñoz Rocha, acusado de ser el autor intelectual del asesinato de José Francisco Ruiz Massieu, es probable que Fernando Cano Martínez jamás se haya imaginado con la etiqueta de fugitivo en la lista de los más buscados de la DEA. 
Impensable destino para un hombre al que desde hace dos décadas la fortuna le creció de la mano de unos hombres de la política que también ven hoy su ocaso.

Su nacimiento empresarial comenzó durante el sexenio del gobernador Manuel Cavazos Lerma (1992-1998), cuando su compañía Materiales y Construcciones Villa de Aguayo ganó contratos de modernización carretera. A ella sumaría la empresa Gifer. Los agentes estadunidenses han abierto los ojos desde entonces.

Pero lo mejor vendría con la llegada de Yarrington al poder. Cano Martínez se convirtió pronto en un rey Midas tropicalizado. Comenzó a ganar contratos como loco y a acumular una fortuna que parecía no corresponder a sus ingresos, por buenos que fueran.

La buena racha no se detuvo con el gobernador que sucedió a Yarrington: con Eugenio Hernández las cosas no pudieron ser mejores.

Pronto, Cano Martínez se convirtió en un multimillonario empresario propietario de constructoras, desarrollos inmobiliarios y turísticos, una empresa de televisión por cable, parques industriales, aviones, así como más de tres mil 893 hectáreas, entre ranchos, terrenos rústicos y urbanos, ubicados en Tamaulipas y los Estados Unidos.

Suspicaces como son, los agentes de la DEA no han mordido el anzuelo y los fiscales presentaron una acusación contra Fernando Cano por lavado de dinero del Cártel del Golfo y por ser prestanombres de Tomás Yarrington.

Con una orden de arresto vigente en Estados Unidos, Cano Martínez figura como el principal operador y prestanombres de Yarrington.

En las demandas civiles que el gobierno de Estados Unidos ha presentado en la Corte de Texas aparece como copropietario de un terreno en San Antonio y un condominio en la Isla del Padre.

Durante el gobierno de Yarrington, el abogado creó 17 empresas de bienes raíces en Estados Unidos, con las cuales adquirió al menos 33 lotes, entre ellas el terreno en San Antonio, además del condominio de Isla del Padre y otros en el condado de Camerón, Texas.

La acusación presentada por el Departamento de Justicia de EU contra Fernando Cano, señala que desde 1998 el empresario se dedicó a la transferencia y transportación de dinero procedente de actividades ilícitas como el tráfico de drogas, robo y sobornos, generados dentro y fuera de Estados Unidos.
* * * 
El mensaje de Miguel Treviño, jefe prominente de Los Zetas, no deja lugar a dudas: “Y en lo que respecta al candidato, lo hicieron por los negocios de las constructoras que usted tiene con Costilla, Tomás (Yarrington) y Osiel Cárdenas. Su hermano también me dio los nombres de las propiedades que usted tiene con Osiel y ahora ya sé que están en Laredo y San Antonio”